"¡Dispárale a la cabeza!". Sin duda alguna ésta es la frase más repetida en cualquier película de zombies. Y es que como cualquier personaje de terror que se precie, los no muertos cuentan también con su punto débil, la única forma de acabar con ellos y en este caso se trata de destrozarles el cerebro.

De cualquier manera, debemos volver una vez más al cine del pionero George A. Romero para observar una apreciación sobre este mandamiento. Si bien en todas las películas de este director los zombies caían con un simple tiro a la cabeza, no es menos cierto que al menos en la segunda 'Dawn of the dead' (1978) sugiere que esto no es suficiente, y que una vez derribados, los no muertos deben ser quemados y destrozados en su totalidad.
Con esta excepeción, si es que realmente alguna vez lo fue, la norma número 5 no ha tenido apenas oposición en el mundo del cine zombie, lo que no es óbice para que nosotros nos cuestionemos tan curiosa forma de acabar con un ser que no se distingue precisamente por su inteligencia.
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